Senderos olvidados...Momentos finitos, pero universales*
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Sunday, February 11, 2007

Un placer...

Un placer haber compartido algunos escritos con todos ustedes. El día de hoy e decidido cerrar un ciclo llamado Xanga. Fue un placer ser cómplice de pensamientos con todos ustedes.

Continuaré publicado pero esta vez desde un nuevo lugar: http://tlacaeleltzin.blogspot.com

Hasta siempre.


Friday, January 12, 2007

Defensa de los imbéciles

 

No hay en el mundo raza más necesitada y prolífica que los imbéciles. Si no hubieran existido hombres geniales, seríamos todavía bárbaros; pero sin estúpidos, el género humano hubiera terminado hace ya mucho tiempo. Y es un gran argumento a favor de la Providencia que en todo tiempo sean justamente ellos os más numerosos y los más poderosos. A veces ha transcurrido medio siglo sin que apareciera un ingenio soberano y fuera de lo corriente, pero cada día que amanecer ve crecer y florecer “el infinito linaje de los tontos”.

 

Los encontramos por todas partes, incluso allí donde no nos lo esperaríamos, y no solamente en puestos humildes, subalternos y oscuros, sino en los primeros y más altos. Puede decirse que los imbéciles forman el máximo cuerpo de la Humanidad, de manera que estudiar al hombre es lo mismo que definir la naturaleza de los mediocres y de los idiotas. “Son bobos –decía el agudísimo Gracián- todos aquellos que parecen tales y la mitad de aquellos que no lo parecen”. Y como la mayoría son reconocibles a primera vista como imbéciles incluso por los inteligentes más distraídos, fácil resulta hacer la cuenta y llegar  una suma no demasiado distante del total de los habitantes del planeta.

 

Este cálculo parecerá exagerado e irreverente a quien no advierta que el verdadero imbécil, la mayoría de las veces, está segurísimo de que no lo es. Habrá quien reconozca la propia fealdad, la propia miseria, e incluso las propias infamias; pero todos,  y más que nadie los necios, están segurísimos de poseer tanta inteligencia como para igualar o superar a la mayor parte de aquellos que viven cerca de ellos. No hay imbécil por derecho de nacimiento que, al cabo del día, no tenga por imbéciles a sus vecinos y compañeros, y justo en estos juicios y que con frecuencia sólo en ellos demuestra que no es imbécil, sino clarividente.

 

Ya que no hay que creer que los imbéciles más sólidos y seguros sean aquellos pobres insensatos que nada dicen ni hacen. La gran máquina del mundo no tiene mecánicos más activos y universales que los tontos.  No retenidos por la duda de los reflexivos, ni por la humildad de los grandes, ni por el sentido de responsabilidad de los sabios superiores, dan prueba de una jactancia y de una seguridad que al mismo tiempo consuela y asusta. Todo país está lleno de imbéciles que escriben, que enseñan, que hablan a los pueblos, que conciertan asuntos, que administran y gobiernan, que fabrican teorías y obras de todas clases. ¡Ay, si no estuvieran! ¿Quién se resignaría a muchas de aquellas profesiones que endurecen el ánimo y entristecen el ingenio? ¿Quién haría aquellos innumerables quehaceres más o menos útiles que procurarían insoportable fastidio y asco a un espíritu noble, contemplativo y delicado?

 

Los necios son, en resumen, extremadamente necesarios para la marcha de la familia humana,  y, de manera particular, más necesarios a los no imbéciles. Con respecto a éstos, ejercen un oficio similar al de los antiguos esclavos, asumiendo alegremente una infinidad de cargas, de fastidios y de horrores que los genios rechazarían, y además sirven a los grandes como perspectiva y fondo para darles mayor volumen y realce. Si todos fueran inteligentes, ¿qué mérito tendría la inteligencia? Y si la mayoría fuesen genios, ¿a dónde iría a parar la voluptuosidad de sentirse más arriba que los demás?

 

Es también verdad que la convivencia con los idiotas resulta un martirio constante para aquellos que no son idiotas. Poner a un hombre grande en compañía de tontos, y la mayor parte de las veces éstos se burlarán de él, lo detestarán o por lo menos lo comprenderán mal. Toda su grandeza sólo le servirá para sufrir, callar o ponerse la máscara de necio. Pero el desdén que los tontos provocan en los sabios es señal de poca sabiduría, de ingratitud y acaso de envidia, ¿Qué culpa tienen los imbéciles de su imbecilidad? Y si ésta fuese curable con una iluminación sublimadota, ¿quién debería sanarla? ¿Acaso no debieran ser aquellos a quienes Dios ha concedido el don de un ingenio sublime y luminoso?

 

Nadie se indigna al ver una criatura deforme, o con la nariz roída por un lupus, ¿y vamos a enfadarnos si nos encontramos entre los pies, como sucede a cada momento, con hombres de mente torcida, de corazón mal hecho y de alma deshabitada? Escuchar sus palabras es perjudicial, ya que la idiotez es irritante y contagiosa; tratarlos con demasía es aconsejable, porque un imbécil difícilmente llega a ser generoso; querer ir contra ellos es propio de locos, porque constituyen la mayoría y suelen ser impertérritos y tenaces como la estirpe asnal. De forma que sólo quedan dos caminos: educarlos o tolerarlos. El primer partido suele ser desesperado; el segundo, penosísimo.

 

Y de aquí nace el rencor despreciativo que los hombres de ingenio demuestran hacia la ilimitada masa  de idiotas pululantes e imperantes. Más en la aversión de los inteligentes suele haber un fermento de envidia. Y no sin excusas, ya que entre los imbéciles, más que entre el resto de los hombres, se encuentran los felices y los poderosos. Más inteligencia, más dolor; ergo, menos inteligencia, más paz y satisfacción. Nadie está más seguro de sí mismo y de su ser que un tonto perfecto: en su interior no hay tragedias, ni dramas, ni angustias, ni desesperaciones. El alma le da poco fastidio, porque está casi apagada; la única cosa que le entristecería es aquella que durante toda su vida ignora, es decir, el ser un tonto.

 

Y no es maravilla si la mayor parte de las veces los imbéciles alcanzan mayor éxito en el mundo que los grandes ingenios. Mientras que éstos se encuentran con que deben combatir contra sí mismos y, como si ello no fuera bastante, contra todos los mediocres que detestan por instinto cualquier forma de superioridad, el imbécil, a donde quiera que vaya, se encuentra entre sus pares, entre compañeros y hermanos, y , por un natural espíritu de cuerpo, es ayudado y protegido. El estúpido solo enuncia pensamientos usuales en forma corriente, y por ello es aprobado por sus semejantes, que son legión, mientras que el genio tiene el terrible vicio de oponerse a las opiniones dominantes y de querer alterar, junto con el pensamiento, la vida de la mayoría.

 

Eso explica por qué las obras y las hazañas de los imbéciles son tan abundantemente solicitadas y admiradas. Casi todos los que juzgan son de la misma levadura y de los mismos gustos, y aprueban con entusiasmo las cosas hechas o dichas por alguno un poco más hábil que ellos. El favor casi universal con que se acogen los frutos de la imbecilidad instruida y temeraria aumenta la ya copiosa felicidad de éstos. En cambio, la obra del hombre grande únicamente pude ser comprendida y admirada por sus iguales, que son, en cada generación, poquísimos, y sólo con el tiempo estos pocos logran imponerla, por lo menos en apariencia, a la gregaria estimación de la mayoría. Y la mayor victoria de los tontos es la de obligar a los sabios a actuar y a hablar como tontos, ya sea para vivir con mayor tranquilidad, ya sea para salvarse en los días de las epidemias agudas de estulticia universal.

 

Mas no está dicho que la inteligencia razonador y esplendante  sea la única escala hacia la grandeza. A veces también el genio, que la inspiración intermitente y efímera, puede coexistir con la tontería. La Fontaine, en sociedad, en sociedad, daba la impresión de un medio imbécil, y San José de Copertino parecía el hombre más bobo de sus tiempos. Sin embargo, hoy, hasta los más difíciles de contentar admiran en el primero el gran poeta y todos los cristianos veneran en el otro al santo milagroso.

 

Finalmente, es preciso no olvidar que los hombres de genio no llegarían a ser famosos si no consiguieran atraer además la admiración de los necios. El viejo Voltaire se preguntaba: “Combien de sots faut-il pour faire un public?” Pero luego se regocijaba al saber que las plateas de París aplaudían su Zaira y su Mahoma.

 

G.P.


Wednesday, December 20, 2006

Saludos a aquellos quienes interpreten o lean mis palabras a través de estos extraños símbolos occidentales llamados "letras".

 

Qué les puedo decir... el día de hoy he decidido escribir unas cuantas lineas a pesar de que no tengo idea de lo que escribiré, simplemente dejo que mis dedos fluyan y se explayen. Quizá incluso solo contribuiré pobremente en la expansión de la trascendencia en el espacio, nada en realidad, le gasto espacio al servidor de Xanga para escribir cosas aparentemente sin sentida. No estuviera ocupando un lugar en la UNAM, porque vendrían miles de reclamos de que le estoy quitando la oportunidad a alguien más. Afortunadamente esto no es la UNAM, así que este tipo de comentarios no viene al caso.

 

Ya he dicho muchas veces qeu el Xanga a pesar de tener gran potencial para cualquiera que guste de escribire, me incluyo, tiene algo que no me termina de convencer. Cosas que puedo resumir creo yo en básicamente dos:

 

1. Está en inglés y soy xenofóbico

2. El nombre de "Xanga" se me hace tonto, sin sentido, sin nada, además de incomprensible y sonar como "changa".

 

A pesar de lo que anteriormente expongo existe una gran cantidad de gente que no ve ningún inconveniente en ello y postea con frecuencia adictiva. Yo en cambio, también posteo, pero es más mi deseo de poner algo y que la gente vea que sigo vivo a mi afán de decir "sí a hueso, estoy trascendiendo a cada pulsación sobre el teclado" no sé es difícil de explicar. Tal vez ni quiero hacerlo, solo me extiendo en la verborrea que los sitios sin restricciones fomentan.

 

Qué más puedo decir? Hoy fui a trabajar, es cierto, no hay mucho trabajo en estos días, la gente de bien sale de vacaciones, de la ciudad y disfruta de su tiempo libre, yo en cambio no lo hago. En fin.

 

No sé que quiero decir, pero siento una necesidad imperiosa de seguir escribiendo y relatando las roteces del día a día. Qué quisieran escuchar aquellos que se toman su tiempo en leer cada palabra y linea? tal vez quisiera escuchar una gran aventura o una anecdota que los deje estupefactos o identificados con mis vivencias. Sin embargo la única vivencia que se me ocurre relatar en este momento es que estoy vivo, con todo lo que eso implica, respiro, como duermo, etc. Supongo que por el simple hecho de hacerlo causo empatía con cualquiera que lea esto, a menos claro que sea un espírtuo que no haga lo anterior, y aún así tendría duda, porque nadie me puede asegurar que los espíritus no respiran o duerman... no sé, son cosas muy complicadas.

 

Extraño los clásicos músicales, cada vez me doy cuenta que crezco y me empiezo a quedar en el pasado, me do ycuenta de ello cada que escucho en el radio nuevos géneros musicales como "indie" o "emo" y me pregunto... de qué diablos están hablando, y esos cuáles son??? tons me doy cuenta que me he quedado atrás y nueva generación empuja con sus gustos y se posiciona en la radio con cosas como Los killers y toda es parvada de grupos que no son malos pero tampoco me entusiasman.

 

Pero bueno, dado el éxito obtenido en este relato y sobre todo a la atención brindada me paso a retirirar hasta el próximo post (obvio, no?) no sé qué haré en este momento, tal ez solo acostarme porque escribir en esta ocasión me trajo un poco de letargo, o quizá lea un poco, no sé, qué sería bueno.. dormir siempre es bueno, leer tambiéen.. un volado lo decidirá, o quizá solo termine de escribir posterior a que escriba el último signo, un punto final que a continuación vendrá, observen:  .


Friday, October 20, 2006

Mis 5 malos  hábitos:

-No tender mi cama jaja

- No comer muy seguido en el comedor

-Consternarme con una facilidad extraordinaria 

-Mis rutinas cotidianas, largos periodos de tiempo cortados con la misma tijera

-Llegar tarde al trabajo


Friday, October 06, 2006

 

 

Toda una vida no es suficiente para ser impecable...

El día de ayer ocurrió algo que dio un toque de excepcionalidad al día. A raìz de ahí surgieron un conjunto de pensamientos que acapararon mis sueños. Un momento alojado en algún recóndito lugar de mi memoria 15 años atrás que tuvo lugar a renacer en el presente, si bien no de manera duradera ni trascendente, al menos sí a modo de una ventana intertemporal en donde un niño de 8 años se asomó por primera vez a un mundo hasta entonces desconocido para él. El mundo irreconciliable entre la razón y el sentimiento. Lo etéreo, pasional y racional pudo vislumbrarse en este momento primario ocurrido hace 15 años en el tiempo.

El objeto de culto y admiración infantil tuvo un nombre: Lissette.

Hoy 15 años después de haber contemplado la belleza por primera vez y marcar un hito en la forma en que percibí a las mujeres hago un pequeño tributo a aquel evento que marcó un punto de inflexiónen mi percepción de las cosas.

En aquel tiempo en que todo era un mundo lúdico y donde no existían mayores precupaciones más que el tiempo que duraran mis vacaciones, surgió ella. Mostrándome lo que habría de cobrar mayor peso con el paso de los años, la trascendantilidad y complejidad de lo femenino. El golpe en su momento se tradujo en expresiones de miedo y nerviosismo producto de la confrontación con "lo otro", la contraparte del "yo" más primario. Una experiencia que marcó distancias y dibujó un boceto de lo que habría de ser el futuro en materia. Timidez, miedo, admiración y sensibilidad han sido las constantes en el campo de lo femenino; y hoy , a través de este espacio no puedo mas que recordar aquel primer momoento único en la vida de un hombre en que una ventana importante se abre ante él y admira por primera vez el objeto de lo que habrán de ser evocados sentimientos, pasiones, sacrificios, y sobre todo, acciones de amor en el futuro: una Mujer.

liz

 



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